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Diseño y sostenibilidad

Esta semana no hablamos de intenciones. Hablamos de seis marcas que tenemos en casa y de una decisión concreta que ha tomado cada una: un material, una forma de construir, un papel firmado. Cosas que se miran, se tocan y se piden por escrito.
El acero que no lleva nada encima
Un grifo convencional es latón con una capa de cromo por fuera. Esa capa se pone con un baño galvánico y, con los años, hace lo que hacen las capas: se pica, se raya, se levanta. Lo hemos visto mil veces.
CEA se salta ese paso entero. Fabrica todo en acero inoxidable AISI 316L, sin cromados, sin pinturas, sin recubrimientos. Lo que ves por fuera es exactamente el mismo material que hay por dentro.
De ahí salen tres cosas. Que es 100 % reciclable, porque es un solo material y no una pieza con capas de otra. Que aguanta la corrosión hasta en ambiente marino, y en Menorca eso no es un detalle menor. Y que se puede recuperar: un acero rayado se repasa y vuelve a estar como estaba. Un cromado, no.
Hay un detalle de fábrica que nos gusta especialmente: el acero se trabaja en frío, en máquinas de control numérico. Sin calentarlo.

El mueble que se desmonta y vuelve a empezar
El mueble más sostenible es el que no hay que tirar. Suena a frase de calendario, pero DOI la ha convertido en una decisión de construcción.
El D1 System es estructura tubular de aluminio pensada para montarse, desmontarse y volver a montarse siendo otra cosa. Cambias de casa, de oficina o simplemente de idea, y el sistema se recompone para el espacio nuevo en lugar de acabar en un contenedor.
Nosotros lo tenemos trabajando desde hace meses en Savage, en el centro de Maó, con dos composiciones distintas en el mismo local. Si pasas por allí lo ves en uso, que es muy distinto a verlo en una foto.

El plástico que vuelve a ser silla
Pure ECO® es el termopolímero que fabrica Andreu World con piezas que ya terminaron su vida útil y con restos de su propia producción.
Lo importante son dos cifras juntas: 100 % de contenido reciclado y 100 % reciclable. La segunda es la que suele faltar. Hay mucho material reciclado que, una vez conformado, ya no hay manera de volver a aprovechar: entra en el círculo pero no sale. Aquí se cierra por los dos lados.
Lo tienes, entre otras, en la colección Ronda.

Ciento cincuenta kilómetros
Ondarreta es la que lo tiene todo más medido, y eso en este terreno se agradece mucho.
Su acero viene de mezclas con más de un 80 % de material reciclado y es reciclable al 100 %. Trabajan también con polipropileno reciclado y con materiales de origen biológico. Hasta ahí, lo esperable.
Lo que nos llamó la atención fue otra cosa, mucho menos vistosa: han ido acercando proveedores hasta que los componentes de una silla recorren solo 150 kilómetros. Ningún folleto se pone bonito con eso, pero el transporte que no se hace es huella que no existe.
Y está en papel: UNE-EN ISO 14006 de ecodiseño, más la ISO 14001 ambiental y la ISO 9001 de calidad. Por sus propias cuentas, el 64 % de lo que venden sale de ese proceso.

Madera con apellido
LZF hace sus lámparas con chapa de madera natural, trabajada a mano en su taller de Valencia. Y toda la madera que entra por la puerta es certificada FSC.
El sello no es un adorno para la etiqueta: obliga a saber de qué bosque sale cada chapa y cómo se ha gestionado ese bosque. En un material que se compra por metros y que se mezcla con una facilidad pasmosa, poder responder a esa pregunta ya es casi todo.

La lámpara que no parece reciclada
La Rificolona de Miniforms es la pieza que mejor resume todo esto. La diseñó el estudio florentino e-ggs y su pantalla está hecha con polietileno reciclado.
Y no se nota. Ese es justo el mérito. No parece una lámpara reciclada: parece una lámpara bonita, y cuando la cuelgas nadie pregunta de qué está hecha. Acumula tres premios de diseño, que es la mejor señal de que el material no se eligió para la nota de prensa, sino porque funciona.

Lo que miramos nosotros
Léelas seguidas y aparece un patrón. Ninguna de las seis ha resuelto la sostenibilidad entera, y ninguna lo pretende. Lo que ha hecho cada una es tomar una decisión concreta y llevarla hasta el final: un material sin capas, una construcción desmontable, un circuito de plástico que se cierra, ciento cincuenta kilómetros, un sello de madera, una pantalla reciclada.
Eso es lo que miramos antes de meter una marca en el catálogo. No el discurso. La decisión, y en qué papel está escrita.
Si andas con un proyecto y te apetece que lo miremos juntos desde este ángulo —qué entra, con qué papeles y cuánto va a durar—, escríbenos a comunicacion@clysa.com y te guardamos un rato sin prisa.